FARÁNDULA

Crónicas de la Feria: la multiplicación de las sonrisas

La gran fiesta de la ciudad de León produce alegría a sus visitantes. Por eso le llaman la 'Feria de las Sonrisas'

Las niñas que aparecen en la fotografía son Allison y Paola. Ellas son primas, pero casi hermanas. Sus sonrisas no pueden describirse con precisión. Hay que ver la fotografía  para entenderlo.

Allison está feliz de chocar un coche sin salir lastimada (izquierda). Paola está fascinada de manejar un auto sin edad legal ni licencia de conducir. Esa es la magia de los autos chocones en la Feria de León.

La fiesta del pueblo arranca sonrisas a sus visitantes en cada espacio, en cada rincón, en cada lugar. Por eso la llaman la Feria de las Sonrisas. “Para mí no hay nada mejor que ver a las niñas sonreir”, dice Cristina Guerrero, madre de Allison y tía de Paola, quien las ha llevado a los juegos mecánicos, a los huaraches y a los espectáculos gratuitos. “Me da mucho gusto verlas felices”, dice.

El niño que viaja en el carrusel de la imagen se llama Santi. Cada vez que da una vuelta su bisabuela Angie -que está abajo, viéndolo- le manda un beso y Santi le responde con una sonrisa (como en la foto). Cada vuelta es un beso. Cada vuelta, una sonrisa. No hay alegría más grande que ver a un niño en los caballitos. Y ya van como 30 vueltas. Y como 30 besos y como 30 sonrisas.

En la Feria de León se da una especie de multiplicación de las sonrisas. “Yo tengo alegría y es un lugar donde hay más alegría”, dice la bisabuela Angie, al explicar que todo esto le hace recordar cuando su padre la traía y le compraba un hotcake con fresas. Los buenos recuerdos de la Feria, provocan sonrisas.

En esta fotografía de arriba, aparecen dos jovencitas sonriendo, en el juego mecánico llamado Twister. Ellas son Sofía y Regina Salazar. Si revisas la foto, la sonrisa de Sofía es plena (derecha) y la de Regina es nerviosa porque el juego está por comenzar. Ellas vienen cada año, con su madre, Liliana, y van a ver los caballos y los borregos a la Exposición Ganadera. Después caminan por las artesanías, comen gorditas, tortas o huaraches y se suben a los juegos mecánicos.

“La Feria nos da diversión”, dice su madre, Liliana, con una sonrisa de lado a lado. “Es una Feria muy bonita, limpia y renovada”, agrega. La Feria de León reparte sonrisas. Liliana viene desde que era una niña. Su mamá la traía a las rifas de Bimbo y al juego de las canicas. Por cierto, ella era muy buena para las canicas y se ganaba peluches. Hoy ella hace lo mismo con sus hijas. Mantiene la tradición de traerlas. “Venimos por un ratito de alegría”, afirma Liliana con una sonrisa de gozo que se muestra en la foto de abajo.


 

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Pablo César Carrillo

Periodista de estos tiempos.

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