FARÁNDULA

Crónicas de la Feria: “Regalado, regalado, regalado”

La rifa de galletas es una tradición en la Feria de León

Regalado, regalado, regalado”, grita el locutor Pedro, con su voz aguardentosa, mientras reparte boletos para la rifa de galletas que está a punto de comenzar en la Feria. El primer boleto es regalado, pero el segundo cuesta 15 pesitos. Se acaban. Levanten su mano. Se terminan. Se agotan los boletos. “Levanten su mano y yo le mando al boletero”, dice Pedro.

Mira, mira, mira. Qué bolsota se van a llevar repleta de galletas. ¿Quién quiere el último número? El huerfanito. El que nadie quiere y sale premiado.

 

Es un día de Feria en León. Y una de las alegrías más grandes de la Feria es ganarse algo, lo que sea. Un peluche en el tiro al blanco, un regalo en las carreras de caballos con canicas, un florero en las argollas o botellas, o una bolsa de galletas en las rifas. La gente se arremolina, en torno a las rifas de galletas para comprar su número y ver cómo una mano santa lanza un dardo de plumas a la ruleta y elige, al encajarse, el número ganador.

La rifa de galletas la trajo a León Rogelio Rodríguez hace como 40 años. Él trajo la idea de las ferias de San Diego (California). Allá era una cosa asombrosa, así que el señor Rogelio la trajo y fue un boom en su tiempo. Hoy el encargado es su hijo Rogelio Jr. “Aquí crecí, de niño era boletero. Aunque los árboles no siempre están verdes. Ya no es lo mismo, pero aquí seguimos, con orgullo, salvando la tradición”, asegura.

Rogelio platica que la clave del negocio es tener un buen locutor, que no aburra, que sea dicharachero, como Pedro, un albañil de Lomas de Medina, que ya está ronco de tanto hablar al micrófono. “A mí me gusta mucho este deporte”, dice Pedro, mostrando los dardos de plumas. “Para mí esto es un deporte”, comenta con su voz ronca y áspera.

Llegó la hora de lanzar el dardo. “Suerte para todos”, dice Pedro y le da vueltas a la ruleta de números. Y lanza el dardo hasta que lentamente se detiene en el número 2. ¿Quién tiene el número 2?

Por allá un hombre levanta la mano con su boletito y se lleva su bolsota de galletas. ¡Qué suerte!. Se trata de José Calderón, un gerente de empresa que minutos antes estaba hablando por teléfono con su mamá y ella le dijo: “compra un boleto para la rifa de galletas, hijo, y si te la sacas, mañana me la traes”. Y así fue, tal cual, como lo imaginó su jefecita.

“Mañana le voy a llevar sus galletas a mi madre”, platica José Calderón, con un gesto de satisfacción. “Nunca me había ganado nada”.

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Pablo César Carrillo

Periodista de estos tiempos.

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