FARÁNDULA

Gastronomía y placer

Porque la comida no solo se disfruta en la mesa sino también en la cama

Sexo y comida son dos actividades que remiten al vitalismo más inmediato (a las ganas de vivir). Aluden a esa otra parte del conocimiento que no implica necesariamente la razón, sino el instinto. En ambas se involucran sensaciones como el tacto, el sabor y la percepción de las temperaturas; con ambas también nace la cultura. Cuando se prohibió el incesto y se domesticó el ganado, se formó la comunidad.

Diversas culturas han considerado ciertos alimentos como afrodisíacos a partir de su aspecto físico: plátanos, ostras, higos, pepinos o fresas.

Desde la antigüedad diversas culturas han considerado ciertos alimentos como afrodisíacos a partir de su aspecto porque recuerdan atributos sexuales: plátanos, ostras, higos, pepinos o fresas. En este sentido, bastaría un comensal con la imaginación suficiente para hacer de cualquier alimento un potencial afrodisíaco. A partir de estas asociaciones culinarias nació también buena parte del albur mexicano, en nuestro imaginario lingüístico y sexual tenemos papayas, melones, y plátanos.

Otros alimentos son considerados afrodisíacos por su supuesta capacidad para solucionar casos de disfunción eréctil o aumentar el deseo sexual, como la miel (de ahí la expresión “luna de miel”), las ostras (tal vez porque la diosa Afrodita nació en el mar) o el chocolate que contiene tiramina, feniletilamina, y ácidos grasos que elevan  los niveles de serotonina. Sin embargo, no hay ningún estudio científico que confirme estas mágicas propiedades.

Lo que sí es inmediatamente comprobable es poder hacer del comer en compañía (o en solitario) una situación erótica -y afrodisiaca- por sí misma. Para esto es importante la imaginación y tomar ciertas precauciones: la comida aromática como la menta o las frutas pueden ser buenas aliadas en cualquier momento erótico y, en esa misma idea, tendríamos que evitar otros aromas como el del ajo o la cebolla y el café o comida muy pesada que produzca sueño y nos impida llegar al postre.

Los efectos que tienen los alimentos en nuestro cuerpo también se reflejan en nuestro sabor y aroma porque los fluidos seminales y vaginales son en su mayor parte agua; una mayor hidratación reducirá cualquier mal sabor que pudieran llegar a tener. En estas ideas, nunca estuvo mejor pensado ese dicho “somos lo que comemos”.

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