OPINIÓN

Juzgando al invitado

Ya después de una semana del apoteósico final de Festival Internacional Cervantino, la cabeza está fría para juzgar adecuadamente el papel que desarrolló Canadá como país invitado, en esta edición número 47.

Indudablemente las presencias más sonadas que mostró fueron la Royal Winnipeg Ballet y la Sinfónica de Montreal con Ken Nagano al frente, en su gira de despedida como director titular, aún más significativo el concierto de este extraordinario ensamble, por haber sido gratis en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas.

Cuando en octubre de 2018 se supo que Canadá era el país invitado, muchos pensamos que se daría el marco ideal para enmendar la gran decepción de ese Cervantino número 46, que fue la cancelación de las 3 funciones en el Auditorio del Estado de Ex Machina, la compañía que comanda el genio Quebecois Robert Lepage, referencia mundial en la aplicación del video y la multimedia en las artes escénicas, más no fue así, tampoco en este 2019 llegó tan ansiado espectáculo.

Espectáculo teatral de»buddies in bad times».

Por otro lado se debe remarcar como acataron el eje temático –migraciones- en los contenidos presentados en este festival, conviene recordar que Canadá es un país formado en buena parte por inmigrantes, simplemente se menciona a Toronto como la ciudad más cosmopolita del mundo, y como esta llegada de gente de todas nacionalidades contribuyó a desplazar a los habitantes tradicionales de esas tierras, suceso ilustrado puntualmente con el caso de los Inuit (llamarlos Esquimales es despectivo y racista) a través de la exhibición continua del video “One Day in the Life of Noah Piugattuk”, realizado por el colectivo artístico Isuma, que en un estilo muy de “Cinéma vérité” retrata la cotidianidad en esos helados parajes del norte del continente, que repentinamente se ve rota por la intromisión del “hombre blanco” que quiere encerrar a los miembros de estas etnias en reservaciones.

En el mismo tenor con una propuesta agradablemente melódica y muy versátil gracias a un atinado apoyo visual, fue la presentación de la compañía “Buddies in bad times”, que conjunta en escena a la narradora Laakkuluk Williamson Bathory quien  desde su vivencia cuenta las vicisitudes que pasan en la actualidad los herederos de los pueblos originarios, y a la cantante y compositora Evalyn Parry , la representante del norte canadiense y también entusiasta divulgadora de la postura queer, sobre identidad sexual. En otra variante de la inclusión, se pudo ver el espectáculo de Ill–abilities Crew, 8 bailarines de break dance, con base en Montreal, que han superado con creces sus discapacidades motoras, dando una lección de entereza y sensibilidad.

La muestra fílmica de producciones canadienses fue muy atinada incluyendo joyas como “Incendies” de Dennis Villeneuve, “Le declin de l´empire américain” de Denys Arcand (también hubiera sido conveniente programar su “Jesús de Montreal”) y “the sweet hereafter” del desconcertante Atom Egoyan. Aunque creo que faltó una muestra histórica de lo que ha sido la aportación innovadora, a nivel mundial, del National Film Board desde los experimentos en animación de Norman McLaren, hasta los avances en el documental transmedia.

Instalación de realidad virtual que se puso en casa Canadá

De este abanico de la cultura canadiense el renglón que si constituyó una absoluta decepción fue la ausencia de artistas plásticos, si en 2015 Las esculturas de Leonora Carrington dieron una nueva dimensión a calles de Guanajuato, ¿por qué en esta edición 2019 no se trajeron los seres zoomórficos de David Altmejd? o bien pinturas del grupo de los 7, en vez de las ya muy vistas fotografías de Graciela Iturbide. La pequeña muestra de arte digital que se instaló en la Casa Canadá no dio ni remota idea de la riqueza expresiva que en artes visuales tiene el norteño país, tal vez el error empezó desde la selección del inmueble de la “Casa Cuatro”, para albergar la mencionada Casa Canadá, no hay comparación con los espacios que ofrece, por ejemplo, el palacio del conde de Rul, que en anteriores festivales fue sede de la Casa Francia y la casa Mazda. Para la muestra gastronómica se incorporó a la carta del “Costal Cultura Cafetera” -el restaurante de la “Casa Cuatro”- algunos platillos canadienses (sobresaliente el magret de pato), aunque me sorprendió que no se hubiera incluido preparaciones de salmón. Pero creo que se pudo dar una mayor difusión de esta comida con algunos kioskos o carritos que ofrecieran el emblemático “poutine” (papas fritas, bañadas con queso cheddar y salsa de carne), al igual que el delicioso postre de las “Beaver Tails” (ya hay una franquicia canadiense de comida rápida que las ofrece en México, que tal vez le hubiera interesado participar).

En conclusión, la presencia de Canadá como país invitado de la edición 47 del FIC se puede calificar de decorosa, más no sobresaliente. Desde el año 2000, Ramiro Osorio, entonces director del festival instauró la política de tener un país y un estado de la república como invitados de honor, es lamentable que dicha tendencia se haya roto en este 2019, dando pie a los rumores y el pesimismo: que, si el festival está en riesgo de desaparecer, sobre todo por realizarse en un enclave panista. Que si el presupuesto va a ser tan raquítico que no alcanzará para sustentar la invitación a un país. Que si la desorganización es tal que no se sabe hacia dónde se va para el próximo año. En fin, se rompió una tradición y lo único que es seguro es que no augura nada bueno.

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