NO SE LO DIGAS A NADIE

Los mundos de AMLO

'Bailongo' para celebrar el primer año de su triunfo electoral. Andrés Manuel López Obrador se dio este lunes 1 de julio un baño de masas en el Zócalo de Ciudad de México

Cuarta Transformación. Año I. ‘Bailongo’ para celebrar su triunfo electoral. Andrés Manuel López Obrador disfrutó en el Zócalo de Ciudad de México. Necesita festejarlo para creérselo.

Con México a tiro limpio en una crisis de seguridad ‘made in Tarantino’ y la economía rumbo a la selva maya, AMLO bailó poquito. Y como un emperador romano se dejó apapachar por la ‘4T’. Domina el escenario. Tiene un toque de predicador evangelista y sus ‘mañaneras’ le han dado tablas. Pero ha perdido coherencia en el discurso.

Para el México conservador es satán. Un comunista. Para el México rebelde no pasa de pelele de Trump. Un demagogo sin una apuesta firme por la educación y la sanidad pública, pilares del bienestar. Y en el centro de esos dos mundos: un universo de 30 millones de votantes. No es fifí y chairo. Es derecha e izquierda. Y un poquito de Tabasco.

Para el México conservador es satán. Un comunista. Para el México rebelde no pasa de pelele de Trump. Un demagogo sin ideas firmes sobre educación y sanidad pública, los pilares del bienestar

Su rendición ante Trump lo invalidó para cumplir su anhelo de entrar en la historia del ‘rojerío’ global. Y la militarización del país con ese engendro llamado Guardia Nacional no ayuda a su imagen pública más allá del muro.

Así que Andrés Manuel, aunque le pese, deberá concentrarse en el mercado doméstico. Ni va a adelantar a nadie por la izquierda ni desentona en la más reciente colección de presidentes de México.

La derecha mexicana puede estar tranquila. AMLO se echó 90 minutos de discurso. Pesado. Pero muy lejos de Castro y Maduro. Con quien hay gente empeñada en compararle aunque se parezcan como un huevo a una castaña.

André Manuel reforzó su autoestima de líder. Y tiene una ventaja. No hay otro árbol que dé sombra en el baldío de incapacidad y sospecha por el que transita la política mexicana. Los expresidentes son ya pasto de las llamas. Y los líderes de la oposición no ganarían unas elecciones ni a la presidencia de su comunidad de vecinos.

Así que AMLO se lo pasó bomba. Su discurso fue un brindis al sol. Se oyeron cosas inquietantes. La fortaleza del peso. Cuentos guajiros sobre la educación y la sanidad. Pero si algo caracterizó su entrenada oratoria fue la ausencia total de autocrítica. México es el país de las maravillas. Y el paraíso de las funerarias.

De su genuflexión a Trump tampoco habló AMLO. Aún debe dolerle la espalda. De sus 100 promesas electorales sí. Y dice que ha cumplido ya 78. A este ritmo tendrá que ampliarlas o reducir su mandato.

Le va a sobrar tiempo. Siempre está en campaña.

 

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