LAS COSAS POR SU NOMBRE

Nostalgia de los torneos del gay saber

Carlos María Flores y Fabián Obregón fueron básicos en sus discursos, por no decir limitados, en su aprecio por los ganadores de los Premios de Literatura León 2018

Ni los fuegos de artificio de la noche de feria como tampoco las notas de los días siguientes en los medios de comunicación tradicionales alumbraron la justa de los Premios de Literatura León 2018. Menos el protocolo llevado a cabo en las inmediaciones del kiosco del Parque Explora en la llamada ‘Feria de las Sonrisas’.

Los representantes de las instituciones convocantes, Carlos María Flores y Fabián Obregón, fueron básicos en sus discursos, por no decir limitados en su aprecio por el estro de Reynaldo Flores, ganador del premio de poesía; así como lo sensorial y lo subjetivo de la narrativa de Francisco Emmanuel Grimaldi, ganador del premio de cuento; y de Raúl Esteban Cisneros, quien mereció una mención de honor por su trabajo cuentistero.

Por un momento sentimos en la ceremonia que el lirismo real se iría por el lago adjunto o bien por lo aéreo. Y allí hiciera de las suyas para llevar al subconsciente a la radicalidad de las nubes.

Esto es que lo apretado del evento lo somete a uno, no a la complicidad de un proyecto literario, sino a ser testigo de un acto más de sensiblería política.

Me viene al pensamiento también el cómo el espontáneo acarreo de las emociones salvó la premiación y la llevó al estatus de la nostalgia. Reverdeció el tono de los torneos del gay saber (léase: del alegre saber) y por ende las figuras de los ganadores, bajo el amparo de sus letras, revelaron el dejo de la provincia literaria.

Pero según el criterio de los abstraídos premiadores, las letras del concurso en turno, la poesía y la narrativa, “en medio de esta violencia indómita” que vivimos, impactan “sobre estos derroteros de la ciudad”.

Nada más simple y abstracto este desgarramiento citadino pues la postura llena de clave íntima, quiero decir, ser políticamente correcto, no es más que el reflejo, no de un movimiento literario menos de una política pública seria sobre la creación literaria, el libro y la lectura, sino de significación subjetiva de un tema social que no tiene aciertos y que ahora resguarda el Ejército Nacional en las calles, por cierto tan denostado por los reaccionarios del rumbo desde los trágicos sucesos del 2 de Enero de 1946.

Si bien los concursos estimulan el ejercicio escritural, estos no atinan a detener el temblor de la violencia. Sí pueden incentivar el levantamiento de lo caído. La poesía y la narrativa pueden reconstruir, sin forzar las formas, el ánimo de la sociedad a través de los lectores….

 Por lo tanto, al apuntar a “la cultura de la escritura” se debe tener una idea del fervor por alentar el trabajo de los talleres y los cafés literarios del rumbo. 

No así el de las cofradías que tanto daño hace y malogran a los hombres de letras.

Si el Patronato de la Feria Estatal de León y Parque Ecológico y el Instituto Cultural de León, a través de la Feria Nacional del Libro, quieren completar el ejercicio literario y aun más el de la cadena de valor del libro (escritor-editor-impresor-librero-lector) deben abrir sus canales de comunicación: revista cultural Alternativas en papel y en digital por ejemplo.

Sólo así, con el discreto aliento, podrá (y todos nosotros también) sostener la literatura de la Región. Asunto que nos llena sí de nostalgia pero más de esperanza.

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Juancarlos Porras

Director del Centro de Investigación y Estudios Literarios de León (CIEL-LEÓN).

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