LAS COSAS POR SU NOMBRE

¿Día del Artista en León?

Seguro que la socarronería de Jorge Ibargüengoitia, por aquello de su afinada pericia para señalar los usos y costumbres de los habitantes de Pedrones en el Estado de Plan de Abajo, lo llevaría a recordar la expresión de los artistas al salir de la iglesia principal de la diócesis.

Allí, luego de la toma de ceniza un miércoles después del domingo de las Carnestolendas, se tomaron la fotografía oficial y, de manera inmediata, “nos fuimos a cenar filete de sol en el hotel Luna”. Es decir, el grupo de virtuosos ―entre los que destacan el P. José Fidel Sandoval Ponce y José Ruiz Miranda académico de la lengua y orador respectivamente pero los dos poetas de la Trapa, sociedad artística y literaria― nunca tuvo un desaguisado tan cruento como aquella venida abajo de la cúpula del templo de la Compañía en Cuévano, “durante otro sermón de las Siete Palabras y aplastó al predicador y a trescientos feligreses” un siglo anterior.

“¡Qué bonito! ¡Morir aplastado en la casa de Dios! ¡Se va uno al cielo con todo y zapatos”!

Por cierto, la anciana que le contó este suceso a nuestro querido Jorge le dijo: ―“¡Qué bonito! ¡Morir aplastado en la casa de Dios! ¡Se va uno al cielo con todo y zapatos!”―. ¡Ni hablar!

Ahora bien, lo interesante de la historia del Día del Artista en León que aludo, donde no hubo caída del polvo extraño de la cúpula de la Catedral Basílica pues ya el gran arquitecto Cecilio Luis Long había intervenido el edificio en su momento, es que la fundamentó tan bien el padre Sandoval Ponce al aludir no solo al lema Ars Vita Nostra (el Arte es nuestra vida) sino recurrir a los noveles autores del grupo de afición a la Bellas Artes mejor conocido como Oasis.

Así que desde 1949 este singular grupo de beduinos retomó los valores del Amor, la Verdad y la Belleza a través de la justa, patriótica y entusiasta memoria de los trovadores de Provenza, durante el siglo XIV, con el nombre de Consistorio del Gay Saber bajo la tutela de la dama ―noble, bella y gentil― de nombre Clemenci Isaura, al abrigo de la Academia de los Juegos Florales, bien apunta el profesor Fulgencio Vargas.

Y a lo largo de los años, la manifestación de alto nivel cultural desembocó en este territorio donde termina el Bajío y comienzan los Altos donde “el terruño de la Libertad”, que es Guanajuato, y la sede munífica ―de Prometeo desencadenado―, que es León de los Aldamas,

en el Valle de Señora engastado

como la perla en el metal preciado

de subidos quilates,

El Día del Artista sucumbió al embate comercial del Día del Amor y la Amistad aislado sin duda

no podían menos que rendir honor a quienes honor merecen. Y en este particular caso al grupo de autores de vuelo raudo y clara visión de límpidos y dilatados horizontes.

Esto era el Día del Artista en León.

El pasado miércoles 14 sucumbió al embate del comercialismo del Día del Amor y de la Amistad aislado sin duda. También a la infausta memoria porque a las nuevas generaciones de artistas, incluyo a los promotores culturales también, no les significa nada. Y aparece la pregunta obligada: ¿Cómo mantener la Antorcha de la Fe, de la Esperanza y del Amor en tiempos de nuevas tecnologías?

Una respuesta arriesgada sería dicha a la manera de las tías de Ibargüengoitia: ―“¡No te lo pierdas!” ―. Aunque aparece la regia anciana afirmando: ―“¡Qué bonito! ¡Se va uno al cielo con todo y zapatos!”―.

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Juancarlos Porras

Director del Centro de Investigación y Estudios Literarios de León (CIEL-LEÓN).

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